26 noviembre 2019

Pequeña Muerte



 "No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele.
Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace."
EDUARDO GALEANO

La noche de su muerte fuimos a cenar. Se veía más frágil en persona, pero estaba radiante. El postre finalizó y ella sugirió seguir la velada. Llevarla a mi habitación secreta me pareció buena idea, pero al llegar no supe cómo actuar, Ariana iba muy de prisa. Yo desconozco el protocolo y me dejé hacer, pero no me sentía conectado con la situación. Con cualquier excusa me la quité de encima y me encerré en el baño para aclarar las ideas, humedecí mi rostro y caminé sobre las baldosas intentando encontrar una salida, pero no se me ocurría nada. Entonces los escuché.

Salí del baño y la encontré frente al espejo, con el aspecto desolado que siempre tenía en el vídeo chat. Miré su reflejo y sentí fastidio. Era una extraña en medio de mi territorio de placer, una intrusa con cara de tragedia. Los gemidos al otro lado de la pared se escuchaban más fuerte, y al fastidio se sumó un apetito conocido. Desconecté la cabeza y la llevé a la cama, concentrado sólo en la pareja vecina y en mí mismo. En medio del frenesí Ariana comenzó a hacer unos ruidos extraños. Era lo más horrible que había escuchado en la vida, no se parecía al delicado gemir que le conocía online, y estaba quitándome la inspiración.  Puse un brazo sobre su cuello, descargándole mi peso para poder callarla y escuchar mejor los gemidos del otro cuarto, cerré los ojos hasta acercarme de nuevo al éxtasis, sin dejar de embestirla.  Ya no oía los horribles sonidos de Ariana, pero pasado un momento escuché la tráquea romperse. 

— ¡Entonces confiesa haber asesinado a Ariana Contreras!

—No soy el hombre más normal del mundo, ¡pero no quise matarla! Como le dije, una mala estrella, un apetito curioso y un mal polvo, pero soy inocente.

El abogado sabía que tendría que bailar con el diablo. Estaba orgulloso de conocer la ley y torcerla lo suficiente para ganar, y mi declaración le orquestó un buen baile. Consiguió expertos que hablaron a mi favor y transformaron mi pequeña perversión en una inhabilidad mental, dejándome internado en una institución psiquiátrica de baja seguridad. Salí en año y medio al pasar las pruebas psicológicas. Fue su caso estrella, pero nunca quiso hablar sobre él a la prensa. Ariana sigue muerta y me imagino que se quedó en su cabeza sólo un par de semanas luego del juicio, pero él debe saber que va a volver como siempre vuelven las culpas, agarrándolo por el cogote cuando menos se lo espera. ¿Abogado escrupuloso? ¡Peor para él!

Mis habilidades sociales mejoraron, la terapia me ayudó.  Hoy estoy en el nuevo cuarto de placer, un lugar discreto y acondicionado de manera diferente de aquel donde murió Ariana, las paredes son gruesas porque ya no necesito gemidos ajenos. Las mujeres que conozco en el sitio especial de la web tienen sus propios apetitos, y casi siempre las puedo atar a la cama sin problema; he aprendido algunas técnicas que las acerca más su propio placer, que las acerca más a mí. Siempre les cuento la historia del juicio, les explico por qué la inocencia es algo relativo, que se lleva por dentro y se debe sentir profundamente. Al principio se figuran que es una broma y me miran entonando los ojos como esperando una risa o una seña, pero entonces añado algo a la historia, me hace sentir ingenioso y a ellas las saca de dudas. 

Tatiana, mi nueva amiga, deja el abrigo en el perchero y mira alrededor moviéndose con estudiada sensualidad. Es una chica traviesa, hemos salido un par de semanas y sus apetitos son incomparables. Pongo una copa en su mano mientras con la otra acaricio su cabello. Las cuerdas de algodón están ya dispuestas sobre la cama, hoy no utilizaremos otros accesorios. La dirijo despacio, bajándole el cierre del vestido encontrándola desnuda bajo él. Chica mala, muy mala. Se deja hacer fácilmente, y cuando está firmemente atada a los postes de la cama continúo la historia que comencé a contarle un par de días antes.

— Lo que no le dije al abogado es que el sonido del cuello rompiéndose bajo mi brazo fue simultáneo al orgasmo. Esa sensación desconocida de poseer a otra persona se transformó en el placer extremo de saberme dueño de su vida, tan frágil y blanda a mi voluntad, bajo la desnudez de mis manos. 

Al finalizar la confidencia mis invitadas se asustan, ninguna ha tenido una reacción diferente, como si siguieran un guion, y Tatiana lo sigue al dedillo. Abre los ojos y la boca con silencioso asombro, a continuación grita intuyendo el final. Yo sólo ajusto sus cuerdas y me concentro en el placer; en el momento preciso, cuando los gritos se vuelven insoportables, le planto mi brazo en el cuello acallándola, y con un crujido regresa la sensación maravillosa que descubrí con Ariana.

27 agosto 2019

AS BAJO LA MESA


Cuatro hombres en la partida, mi cabeza en juego y yo sabía que al menos dos de ellos tenían buenas cartas. 10-J-Q-K-4 es lo que la baraja de Marie me dio esta vez. 

Inadvertidamente hice el intercambio. Sin haberlo visto antes sabía dónde estaría situado, porque mi pequeña puso el As ganador bajo mi lado de la mesa. 

La semana pasada casi pierdo mis piernas a manos de los matones del Viejo Schmith.  Si ganaba la ronda podría pagar la deuda y llevar a Marie a las Bahamas, como siempre ha soñado.

El grandote de la gorra azul, el único del grupo que no conocía, me miraba insistentemente. Un tipo duro. Dicen que dejó ciego a su asistente con un cuchillo al rojo vivo cuando intentó robarle el mes pasado. Me aterraba pensar lo que podría hacerme si se enteraba del As de Marie y el reparto trucado, pero ella insistió en invitarlo porque necesitábamos el dinero y a él le sobraba. 

Los otros tipos eran inofensivos, los conozco de antes, estúpidos niños ricos del Boulevard, que sólo buscan la manera de desperdiciar su dinero y sus vidas.

Sonaron los Stones en la radio y entre la progresión de la percusión y el riff de la guitarra pude oler la libertad, entonces aposté mis restos y con la mirada penetrante del de la gorra azul, esperé. Todos copiaron mi apuesta y mi pulso se aceleró aunque mi cara continuaba inexpresiva, como debe ser cuando se es el líder en fichas y se trata de un juego definitivo.

Ahora que estoy desangrándome como un cerdo me doy cuenta de mi estupidez. Yo que pensaba llevar a Marie a conocer el hermoso mar de las Bahamas. Mi pequeña Marie, quien insistió en invitar al de la gorra y que sabe perfectamente que ninguna baraja tiene dos ases de picas.

11 agosto 2019

EZEQUIEL 25-17 (Relato de una era sin smartphones)


Ezequiel tomó un taxi indicando la dirección del apartamento del centro donde habitaba hace un par de años. Había sido una suerte encontrar un espacio en el piso diecinueve de un moderno edificio en esa ciudad tan grande donde no conocía a nadie, donde nadie le importaba a nadie, y él importaba menos que cualquiera.

Tiempo después de la conversación con la mujer virtual –que en pocas horas sería muy real- tenía bastante tiempo para prepararse, así que después de una siesta reparadora decidió tomar un baño de burbujas y un vaso de ginebra en las rocas para calmar la ansiedad y el deseo que crecía exponencialmente con cada minuto.

Escuchando la 5º de Beethoven y sumergido hasta la barbilla imaginaba el sabor de la piel de su amiga. La conoció en uno de esos foros virtuales donde se comparten aficiones comunes y se gasta el tiempo que generalmente se usa para trabajar o dormir y desde entonces conversaban varias horas cada día.

Sugar_25_17 era su nickname en la web. Que dulce le pareció desde el comienzo, una mezcla vibrante de sensualidad ingenua e inteligencia aguda. Estaban por completar año y medio de amistad virtual, y después de muchos preparativos, ella vendría a la ciudad para al fin sublimar las fantasías de los últimos meses. Desde que planearon su encuentro Ezequiel difícilmente pensaba en otra cosa.

Cuando decidió que ya era suficiente tiempo para un baño, salió de la tina y comenzó a acicalarse concienzudamente, con la mujer siempre en su mente, contando ya las horas para recogerla en el aeropuerto.

Era un hombre metódico, por esa razón ascendió rápidamente en la compañía. Sin familia y sin otras responsabilidades que él mismo, había vertido todas sus energías en el trabajo y en algunas aficiones insulsas que para él lo eran todo. Casi nunca se le veía en las reuniones sociales, y de asistir, no permanecía más que el tiempo suficiente para ser visto por sus superiores, así que tenía fama de solitario e introvertido. Aunque realmente podría ser muy divertido, de ello daban fe sus amigos virtuales.

Llegado el momento salió del apartamento, y pensando en ella, tomó el taxi que habría de llevarlo al aeropuerto, perfumado, con su mejor traje y con la idea de comprarle algún regalo en aquella tienda junto al café de la zona comercial mientras aguardaba la llegada del vuelo.

Estuvo esperando durante un cuarto de hora hasta que vio aparecer el número en las pantallas azules, entonces se dirigió a la zona de desembarque con el regalo en la mano y una inquietud de emoción en el estómago. Veinte minutos más mientras la imaginaba mostrando su documentación en inmigración; Otros quince minutos, y comenzaron a salir los pasajeros de su vuelo; diez minutos más, y ya no salió nadie.

No sabía a quién preguntar así que se dirigió al ciber-café del aeropuerto. Tal vez ella había tomado otro avión, o tal vez tuvo algún percance, quizás él tomó mal los datos del avión. Estaba desesperado cuando accedió a su cuenta de correo electrónico. Se encontró con cinco e-mails nuevos. Uno era de ella.

"Querido Ezequiel me he pasado la última hora en la sala de espera del aeropuerto pensando en un buen motivo para ir a verte. No encuentro ninguno. Nuestra aventura virtual nunca podrá convertirse en algo real, lo dicen miles de kilómetros de separación. No tengo corazón para verte por tres días y marcharme después. Por eso he decidido no asistir a nuestra cita, por eso he decidido alejarme de tu rostro en la pantalla y de tus mensajes de imposible amor virtual. Cuídate. Sug."

Leyó el mensaje dos y tres veces, tratando de convencerse a sí mismo que estaba leyendo mal, que debía ser un error, tal vez una broma. Con desazón Ezequiel tiró el regalo en el cesto de basura más cercano y tomó un taxi a su vacío apartamento del centro. Al llegar llenó la tina con sus burbujas relajantes, como acostumbraba a hacer cada vez que se sentía triste y sirvió su acostumbrada ginebra, esta vez sin hielo.

Mientras la 5° de Beethoven iba llegando a su final en el reproductor, la sangre iba mezclándose con el agua en el tapete del baño.


02 agosto 2019

INSOMNIO


Ella no puede dormir. Trató con pastillas, ejercicio, yoga, películas repetidas, tisanas, y hasta hipnosis. Nada le funcionó. Después de muchos años logró adaptar sus rutinas a los horarios imposibles de su ciclo circadiano y alrededor de las tres de la madrugada baja a la cafetería cercana a su casa donde come algo liviano y toma un café mientras lee la novela de turno.

Él está escribiendo un libro o componiendo una canción, quizá dibujando algo. Es artista, tiene que serlo con su cara seria –casi atormentada- Siempre llega a la cafetería a la misma hora, toma la mesa del fondo y no para de garabatear en una libreta. Pide expreso y despacha a la camarera apresuradamente como si interrumpiera algo muy importante. De vez en cuando levanta la cabeza para mirarla. Siempre la ve llegar con un libro, pedir café y sentarse en el mismo lugar frente a la ventana. No se ha animado a hablarle, ella está más allá de su alcance. El gesto con su mano atrapando el cabello bajo la oreja, la sonrisa que brinda a la camarera, la seriedad en el rostro mientras repasa las hojas del libro. Le gustaría capturarla en la libreta, pero se le escapa el detalle preciso.

Esperar a que algo pase puede resultar agotador pero hacer que las cosas sucedan es todo un arte. Hoy decidió hablarle. Pero no precisa cómo abordarla sin ser rechazado. Tendría que ser algo muy casual para no asustarla y suficientemente interesante para que lo atienda sin sentirse interrumpida. Decidió hablarle sobre libros, que por suerte es uno de sus temas de dominio y algo que a ella parece gustarle tanto como el café.

Últimamente desea que llegue la madrugada, ya no le teme. Lleva dos semanas hablando con el artista de la cafetería y cada conversación la entusiasma. La anticipación del encuentro permanece durante la vigilia y al dormir sueña con él. Se levanta con delicadeza de la cama para no molestar al esposo, que llegó de viaje hace algunas horas y tiene la suerte de dormir en horas normales. Se viste con descuido, toma su libro, las llaves, y camina las escasas cuadras que la separan de su encuentro.

Está en su lugar acostumbrado, lo saluda con la mano y pide un café negro sin azúcar a la camarera, que le sonríe y saluda como a una vieja conocida. Le hace una seña para que lo acompañe y ella se acerca hasta la silla frente a él. Qué día más largo y pesado, ¿Te fue bien? ¿En qué trabajas hoy? ¿Te pasó algo interesante? Y siempre le pasa algo interesante. Ella lo escucha a veces sin oírlo, su voz le encanta, la transporta, la tranquiliza. Pasan horas que no siente, y llega el momento de despedirse. El momento de ir a su vida real.

Él se pregunta todo el día qué estará haciendo ella y entra en la cafetería imaginándola en cualquier actividad que pudiera realizar a esa hora extraña. Cada madrugada desde que se hicieron amigos teme que no venga. Sabe que un día no va a venir y entiende que está bien que algo así suceda. Hoy tiene mucho para contarle, cosas que le pasaron durante el día y cosas que sabe de memoria desde su niñez. Siempre cree que va a aburrirla o abrumarla con tantas palabras y un día ella va a gritarle que se calle, pero también sabe que estaría bien porque él entiende de soledades y de gente que se aburre y se marcha. No es que no le importe, sabe que así son la vida y la gente, lo ha aceptado como un hecho porque en el fondo nada importa, sólo este momento, y ahora vive para contarle cosas a ella en el rincón de la madrugada que comparten y eso también está bien.

La ve a través de la ventana antes de que ella lo vea. Lleva puestos unos jeans, una camisa a cuadros y trae un libro en la mano derecha. Está despeinada y va sonriendo discretamente. Entra en el local, lo saluda y pide el café de siempre. Él la llama con los ojos y con la mano y ella se desliza hasta la mesa. ¿Te fue bien hoy? ¿Cómo vas con el libro? ¿Dormiste bastante? Él le habla sobre su escritor favorito y cómo logra retratar la realidad a través de detalles mínimos, cómo sus personajes logran modificar la historia con sólo mover una taza o calzarse un zapato. Parece aburrida, seguro está aburrida. Pasan las horas y ella se marcha porque debe dormir un poco antes de ir al trabajo. Se va a su vida real, deslizándose como llegó, y él pide otro expreso antes de irse a la suya.

Deberíamos almorzar un día de estos, vernos de día como la gente normal y no como vampiros -Se ríe contenta al decirlo- tal vez ir al museo o al cine y compartir un helado o unas cervezas. Vamos mañana, dice él. ¡Podríamos ir a bailar! No, a bailar no, no me gusta bailar. Bueno, al cine entonces. Vamos al cine, en la cinemateca pasan una película que quiero mostrarte, es perfecta la ocasión. Bueno. Vale.

Son las tres, pero es de día y ella está nerviosa porque ha llegado antes que él y teme que no se presente a la cita. Estaría en casa sola, porque su esposo salió de viaje otra vez, de modo que le alegra poder hacer algo fuera y tener compañía. Lo inusual del acontecimiento la tiene con una disposición emocional extraña, aunque también está así porque va a ver al artista en un territorio nuevo, bajo otras luces, en otro contexto. Está nerviosa porque sabe que ha comenzado a gustarle más allá de lo que le cuenta, más allá de lo que debería gustarle. Se pregunta qué pensará de ella y por qué sigue hablándole, por qué accedió a verla a otras horas y en otro lugar. Piensa y sigue pensando distraída y la llegada de él la toma por sorpresa, le sonríe y lo saluda como siempre, pero de forma diferente porque hoy todo es diferente.

No contaba con el horario del transporte público, calculó mal la hora y va un poco tarde, sudoroso, acelerado. La ve esperándolo en una silla del parque, frente a la cinemateca. Se ve diferente: Lleva un vestido, está peinada, se maquilló un poco y está más bonita de día. Se disculpa por la tardanza, pero ella sonríe y de inmediato él se tranquiliza como si eso bastara para detener el mundo unos segundos y normalizar la respiración agitada que trae por el afán. Entran al cine y pasan hora y media con la pantalla frente a ellos. Él anticipa lo que quiere decirle sobre la película y se anima más.

Frente a unas cervezas el tiempo pasa lento, charlando sobre la película y sobre la vida miran la lluvia que llegó sin anunciarse. Él habla como siempre y ella un poco más que de costumbre porque el licor le afloja la lengua. Se miran a los ojos y a los labios, intentan actuar normalmente pero la normalidad está al otro lado de la ciudad, tal vez al otro lado del mundo. Él quiere besarla pero no sabe si va a ser correspondido, así que hace bromas para que ella ría porque de ese modo puede ver mejor su boca e imaginar su sabor. Ella quiere besarlo pero sabe que no debe porque sería el primer paso para perder la voluntad y todo lo demás. El tiempo tomó vuelo y de repente se hizo la hora de irse, au revoir mon chérié, see you soon, matta ne.

La segunda salida durante el día fue para almorzar. Él llegó puntual donde ya esperaba ella y la conversación fluyó como siempre. Caminaron luego de comer y entraron por cervezas en un estanco abierto y fresco. Me gustaría irme lejos y regresar sólo para que me mires como me miras ahora. ¿Cómo te estoy mirando? Como si estuvieras enamorada de mí. Qué tontería,  si vos sabés que creo que el amor es estúpido. El amor no es estúpido. Blah blah bla, sí lo es, y de no serlo, a mí no me sirve para lo que se supone que sirve. ¿Y para qué sirve entonces? Para procrear y llenar la tierra de modernas e inútiles copias de uno mismo. ¿En serio crees eso? ¿En realidad importa? No, no importa. Bueno. Bueno. Quiero besarte. También yo. Silencio incómodo que se expande entre ellos. Intentan hablar de otras cosas, pero las palabras quedaron flotando y la rareza del momento se puede tocar con los dedos. Entonces él decide besarla sabiendo que nada importa más allá del momento y ella responde al beso con renuncia, entendiendo que algunas cosas son inevitables.

Entraron separados a la habitación. Ella la recorrió con la mirada, estaba ordenada y no era desagradable. Él fue al baño. Ella se desnudó, se acostó y se cubrió con la sábana. Al regresar también él se desnudó y la descobijó despacio, acariciándola. Se acostó a su lado sin dejar de tocarla. Ella lo besó y lo abarcó con los brazos. Él no tuvo una erección, había bebido mucho, sin embargo le bastaban las manos y la boca. – ¡No me muerdas! –La mordió en los hombros, en la espalda, en el costado, en la cadera derecha; cuando la mordió fuertemente en la mejilla, ella le dio un golpe seco en la cara. ¡No me muerdas!  Él hace un gesto de dolor, pero vuelve a besarla. Ella lo muerde en las piernas y en un hombro como venganza, pero también lo disfruta. Él dice: –Me vas a dejar marcas pero la verdad no me importa.  Ella se ríe.

De costado mirándose. Las narices muy cerca, besándose de cuando en cuando, respirando el aire del otro, oliéndose mutuamente. Ella le acaricia el pelo y la mejilla, él cierra los ojos y dice “te quiero”, probablemente pensando en otros rostros y otros cuerpos. Juntos reposan preguntándose qué pasará a continuación. Él se duerme y ronca un poco. –Es muy tarde, hay que irse- Ella se levanta, se viste y se tiende en la cama mientras él se pone la ropa, pero entonces algo pasa, se transforma, se eleva. –No, ya es muy tarde, hay que irse. Pero ella sabe que va a perder más tiempo negándose y ambos van a estar molestos al final, de modo que consiente. Él le agarra fuerte el hombro, sus dedos se marcan bajo la clavícula. Los dos se hallan al borde. Los gemidos quedos de él, la luz del cuarto, la sensación en la entrepierna, todo junto hace que la cama parezca girar. Él le da un beso y ella se maravilla con sus labios, con el sabor de su boca, con las ganas de quedarse ahí para siempre. Pero ya es muy tarde y hay que irse.

En el baño se acicala y se acomoda la ropa. Salen de la habitación tomados de la mano, despidiéndose con la promesa de repetir el encuentro. Algún día quizá. O no.

Se le ha vuelto extraño caminar hasta la cafetería pensando que él no va a estar ahí. En ocasiones no está, pero de él aprendió que la vida se compone de una infinidad de momentos que ocurren en el presente y no vale la pena nada que vaya más allá. Cuando por fortuna lo encuentra conversan como siempre, como si no hubiese una historia de mordiscos entre ellos y es maravilloso porque disipa cualquier incomodidad hipotética y les aleja del común de la gente. La fascinación por su voz y su charla siguen ahí, su vida real sigue ahí, y eso también está bien.

Él va cada vez que puede, se le ha hecho un poco difícil estar todas las madrugadas en la cafetería porque su vida cambió de repente y sus horarios son diferentes ahora, pero quiere verla y contarle las cosas que están en su cabeza, probablemente porque ella escucha, o porque le gusta mirarla cuando se ríe. Tal vez se ha vuelto un hábito difícil de dejar, y mortal como el licor o el cigarrillo. Pero seguramente no importa. De algo tiene que morirse la gente.

11 marzo 2019

MENGUANTE


Observa la escena con curiosidad -¿Estoy soñando?-  Lleva dos días delirando, pero nadie lo ha notado. Sólo le calman las pastillas que ya no toma, y el cannabis que consume sin parar desde hace una semana. La mente se le voló de nuevo. -¿Es un sueño?- Toma la daga con cuidado, el reflejo de la luna menguante en la hoja le parece un designio. -¿Cuántas veces tendré que matar a Sara? Ya no recuerdo cuántas llevo. Ahora Sara está follando con un tipo en el pasto, pero ¿No era Sara de otra raza y otro tamaño? -Debo estar soñando.

Estábamos sentados sobre el pasto crecido. Me tenía aburrida su verborrea. Lo empujé al suelo con la mano libre. Me preguntó qué pasa, yo le sonreí y me acomodé encima de él, sonreí de nuevo y me acerqué a su cara. Él también sonrió. Me tomé unos momentos para mirarlo a los ojos, para tocarle el pelo tan suave, tan largo. Le acaricié la mejilla y lo besé con avidez. Él respondió con cautela al principio, luego se dejó llevar. Nos devoramos los rostros, casi fundimos los cuerpos, las ropas volaron lejos, los ríos del cuerpo fluyeron. Cerrados sus ojos escupió, succionó y lamió. Su boca sabía a menta y a cerveza, a sudor y sal. Jadeante batalla campal en medio del pasto crecido, saltando el uno sobre el otro, desgarrándonos de a pocos en una agonía agitada y sucia, llena de ganas contenidas, una bomba que explota de repente.

Estaba hablándole sobre la historia de las armas blancas cuando a Juliana se le metió algo adentro y comenzó a ponerse caliente. Comenzó a frotarse sobre mí y a besarme, y yo me dejé con gusto. Está buenísima y yo no iba a ser el idiota que le dijera que no. Me dejé llevar, ella se estaba encargando muy bien. Cerré los ojos para sentir más. Juliana hacía esos ruiditos sabrosos que me tenían en la luna. Cuando se desplomó pensé que se había venido y que estaba exhausta. Qué bonita era. Qué bien olía. Qué rico follaba. Cuando abrí los ojos estaba tumbada sobre mí. Detrás de ella había un tipo, mirando al cielo, como ido. Tenía en la mano la daga del siglo dieciocho que traje para presumir. Estaba todo ensangrentado, pero el tipo sólo miraba al cielo. Yo me asusté y removí a Juli, pero ella estaba muy quieta, entonces me di cuenta que no estaba sudando mucho como yo pensaba. Era sangre… ¡Lo que nos cubría era sangre!

Se acerca con cautela a la pareja, dejando que la luna menguante le guíe. Ellos no le han visto. Se introduce en la blanca piel como en mantequilla caliente, una, dos, tres veces. La chica comienza a gemir de otra forma, voltea su cabeza para mirarlo. No se parece a Sara, pero él no cae en el engaño. La acaricia de nuevo con la daga y ella cae con gracia sobre el cuerpo del amante, derrumbada sobre sudor y sangre, derrumbada por el último embeleso. -¿Estoy soñando?   

El tipo me miró y yo sabía que iba a atacarme también. Comencé a gritar desesperado por ayuda, a gritar para que se asustara y se fuera, a gritar por el miedo que me dominaba. Me dijo que me callara, que lo dejara oír algo, no sé si se concentraba en la música que se oía a lo lejos, o si había otra cosa que escuchar, yo sólo gritaba con lo que me daba la voz, entonces se desesperó y se me tiró encima con la daga. Yo estaba en piloto automático y me hice a un lado, pasando sobre el cuerpo ensangrentado de Juliana, él cayó de narices en el espacio que dejé, pero se giró con rapidez y yo me abalancé sobre él.

Siente el viento frío en la cara, pero su mente sigue confusa. Sara dejó otra vez el mundo y yace a unos metros pero todo sigue sin tener sentido. Mira la luna esperando una señal, intentando oír lo que el universo quiere de él, pero el amante de Sara comienza a gritar. Las voces del universo se aplacan. -¡Callate que no me dejás oír!- Pero el muchacho sigue gritando. Camina hacia él con el cuchillo en la mano y se le lanza encima.

Estaba cubierta de sangre y perdí el conocimiento por un rato. Cuando desperté todo era rojo y negro. Andrés se sostenía el abdomen y rosas negras le crecían entre los dedos. Me levanté sintiendo fuego en la espalda, tomé la daga del suelo cerca de sus pies ensangrentados y me acerqué al atacante, que vomitaba al inicio del bosquecito, agachado y recostado a una guadua. No tuve que empujarlo muy fuerte para que se cayera, quedando de cara a las estrellas. -Sara, ¿Sos vos? Me dijo. Me arrodillé cerca de su hombro, creo que estaba llorando. -Sara,  quiero irme a casa, no aguanto más. ¡No soy Sara!, le grité mientras le enterraba el cuchillo en la garganta una, dos y tres veces. ¡No soy Sara!

Desesperado porque no le dejaba escuchar las voces, se arroja sobre el amante de Sara con intención de callarlo. No entiende que tiene que quedarse callado, ¿Cómo hacerlo entender? Cae cerca porque él se giró de lado, y cuando lo iba a atacar, el cuchillo se quedó prendido de su estómago. Comienza a darse cuenta de la sangre alrededor y se siente enfermo. Se levanta y camina hacia los arbustos para vomitar, agachado, de espaldas al sangrerío. Todo está nublado, asqueroso, insoportable. Se gira y ahí está ella –Sara, Sarita, ¿Sos vos?

30 enero 2019

DEJA VU


Esta mañana desperté sobresaltada. He soñado algo que en estos momentos es impreciso, pero que durante el sueño tenía todo el sentido del mundo.

Le he dado vueltas todo el día desde el café de la mañana, hasta el momento del almuerzo, donde el sándwich que me he preparado no me sabe a nada. Sólo puedo sentir el sabor del sueño inquietante que aún me persigue.


Al finalizar la jornada me olvidé del asunto, y sin razón aparente resolví caminar hasta mi casa.
-Que idea la tuya, caminar con esta lluvia -Me dice mi compañera-  vas a pescar un resfrío, mujer.
Yo le sonrío sin ganas, pero no le digo nada. Tomo mi paraguas y salgo al anochecer lluvioso, caminando sin razón.

La calle vacía, el juego de luces sobre el pavimento mojado, la lluvia resonando por fuera, un palpito inesperado por dentro. No es nada bueno, eso lo sé. Me recuerda algo impreciso, inquietante.

Distingo una persona alargada en la esquina, cerca del teléfono público. Las sombras distorsionan su forma, sólo se alcanza a entrever que está envuelta en un abrigo, coronada con un sombrero. Está empapada, pero impávida espera... ¿Espera qué?... El corazón palpitante, la sensación conocida. ¿Me había sucedido antes ésto? Hago uso de toda mi reserva de calma y sangre fría y sin perder la cabeza sigo caminando. Los tacones sobre el pavimento, las luces sobre las vitrinas, la lluvia afuera, el palpito dentro.

Trato de mirar de soslayo a la persona del abrigo y el sombrero, intento no cruzarme con su mirada porque tengo miedo, porque dentro muy dentro, sé lo que voy a ver. Y no quiero.

Bajo el paraguas lo suficiente como para cubrir mi rostro sin dejar de mirarle. Un escalofrío recorre mi espalda, ¿frío o miedo? siguen resonando mis pasos sobre el pavimento mojado acercándose cada vez más hasta ser ya imposible no verle claramente, y darme cuenta de que viene a mi encuentro, lenta y pesadamente, como si me estuviera esperando.


Tiene el horror algún rostro? Eso no lo sé. Quizás no haya más horror que el encontrar tu propio rostro melancólico bajo la lluvia, que esperándote venga a tu encuentro ataviado de abrigo y sombrero empapados y con un cuchillo sangrante en la mano.

Aquí es donde despierto sobresaltada.

Frente al espejo del tocador me pregunto por ese sueño impreciso que me parece haber soñado tantas veces. En este punto del día nunca tiene sentido, pero no deja de ser algo inquietante. Nada bueno.

24 enero 2019

LA FLOR EN EL FANGO


La chica se acercó a la barra vertical, justo en frente de mi campo visual, y comenzó a bailar insinuante y cadenciosa. Era mucho más bonita que la anterior. La miré moverse con sus juveniles formas mientras el idiota que me llevó a esa pocilga me contaba no sé qué penas. Yo sólo miraba la chica, que a su vez me miraba entre salto, roce y contoneo… Un billete de alta denominación en la mano, un cruce de palabras, y lo próximo que recuerdo es su mano en mi brazo, tratando de mantener una sobria línea recta. ¿Cuánto habré bebido?

-Voy guiado por una bella flor que encontré en el fango- dije riéndome, no muy seguro de haber dicho algo. La chica me miró. Algo brillaba en sus ojos, pero puedo asegurar que no era el licor. No dijo nada, acrecentando la sensación de irrealidad que me invadía.

Una vez en su apartamento me di cuenta que no era un lugar desagradable, incluso se percibían tenues rasgos de buen gusto en el mobiliario y la decoración, bastante sencilla pero de buen ver. Un par de cuadros de un artista que no reconozco, haciendo juego con los muebles y la iluminación; generalmente no me fijo en estas cosas, pero llamó mi atención la diferencia monumental entre el estilo de esa chica y las otras de su clase que he conocido.

Un vaso con un líquido ambarino llegó a mi mano desde la suya, tan blanca y pequeña, la muchacha sonreía mientras desabrochaba mi pantalón diestramente. No identifiqué el licor que estaba bebiendo y traté de preguntarle sobre éste –Que vacié casi por completo en el primer trago- pero de mi boca no salió sonido alguno. El vaso cayó al suelo, lo sé por el sonido de cristales que escuché por encima de la música, porque ni las manos lograba sentirlas.

Justo en ese momento, como si el sonido del cristal haciéndose pedazos fuese la señal esperada, la chica abandonó la actividad emprendida a mis pies, y levantó su mirada hacia mí, tan bella, tan feroz, tan inquietante. Me empujó recostándome sobre el sofá y puso una almohada bajo mi cabeza.

Inició una sonrisa dulce, que fue modificándose poco a poco en la medida en que su mano izquierda buscaba afanosamente algo bajo el sofá donde me encontraba inmóvil. -¡A que puedo asustarte un poco! -Dijo en un rictus casi demencial, mostrándome un afilado cuchillo. Nunca antes la vi más bella.

22 enero 2019

TRAS LAS PUERTAS



Dirigiéndome una sonrisa torcida me mira otra vez y continúa golpeando con el cincel la puerta secreta del camión, donde está la carga del jefe. No le conozco tanto como para saber qué batallas cobraron su ojo izquierdo, pero sí lo suficiente para darme cuenta que es una mujer de temer y que aunque yo no entienda, parecía saber exactamente lo que hace. Aunque ya no estoy tan seguro.

La conocí hace dos semanas cuando nos asignaron la misión. Me pareció fantástica la idea de pasar tiempo en compañía de una mujer así fuese por razones de trabajo, pero a las pocas horas supe que no iba a ser como imaginaba. La chica era dura, muy dura. -Estamos en un lío, chica lista, ¿no te das cuenta? -¿Eres una nena de cinco años? Claro que me doy cuenta. Pero no tengo miedo.

Su ojo refulgente me dice que no miente. Puede haber actuado como una idiota destrozando el primer seguro, pero no siente miedo. Hay algo más en ese ojo, algo inquietante, una inteligencia feroz teñida de locura. Un escalofrío cruza mi espalda.

Sigue golpeando con el cincel. Me mira de reojo, sabe que aunque tengo miedo también tengo curiosidad. Tres días perdidos en el desierto, el camión averiado, y sin GPS ni señal de celular te dan otra perspectiva. Pero insisto. –Ya vendrán por nosotros, el jefe va a estar molesto si abres esa puerta, su contenido es de gran valor pero no valdrá más que nuestras vidas si nos descubren.

-No seas idiota, ¡Mejor ayúdame! Estamos en medio de ningún lado, nadie va a encontrarnos a menos que hagamos algo para que así sea. Este cincel está cediendo, trae la caja de herramientas, allí hay uno más resistente.
Le obedezco porque quiero impresionarla. Sudo como cerdo y tengo freído el cerebro, pero me da igual. La chica se sienta en la sombra proyectada por el camión, sin quitarme su ojo de encima. Comienzo a golpear el segundo seguro  y lo escucho.

-¡Algo se mueve dentro de esta bodega! –Digo a la chica, con más nervios de los que pretendía demostrar.
-¿También lo escuchaste? –Ahora veo en su ojo duda y temor –Es más que algo vivo, es algo que atrae… le vengo oyendo toda la noche. Me llama. –Su voz se hace más tenue y su mirada perdida. –Necesito saber lo que hay allí dentro. No necesito más motivos.

También me llama a mí. No dice mi nombre, pero me llama. Es como si fuera un imán muy poderoso y yo estuviese hecho de hierro puro. Como si algo invadiera mi cerebro empujándome tras las puertas del camión.
Rompo el segundo seguro y ya estamos más cerca del contenido de la bodega. La chica toma el cincel de mis manos adoloridas, golpeando el tercer seguro. Me siento en una roca situada a pocos metros del camión mientras la veo aporrear con furia.

-Un par de golpes más - murmura casi sin aliento. La luz de luna en su cabello, ¿en qué momento oscureció tanto? – ¡Ya casi cede!
Mientras se abre la puerta de la bodega secreta me quedo helado. No sé si la chica está riendo o gritando, sólo veo el resplandor de la bodega que llena mi campo visual. Es sobrecogedor y la chica grita más, o ríe más fuerte. Con dificultad entreabro los ojos, y la luz de mil mundos me cubre y me atrae al tiempo. Los gritos, el dolor, me llaman, ¡Me atrae! La puerta se cierra y al tiempo cesan los gritos de la chica.

Me agarro a la roca donde estuve sentado, pero lo que está allí sigue llamándome. De la mujer no hay rastro. Mis manos, como si tuvieran voluntad propia, se van aflojando y son mis propios pies los que me llevan al horror -¿al placer?- que me espera atrás de las puertas de la bodega del camión del jefe.

21 enero 2019

NOTA DE DESPEDIDA


El mundo se encuentra de cabezas. Todo lo que conozco ha cambiado, y ya nada me consuela. Voy errante en una ciudad mezquina, que me hiere con cada cambio. Yo mismo he cambiado sin decidirlo, sin proponérmelo. Es por eso que he decidido irme lejos de ti y si tengo suerte, lejos de mi.

¿Será difícil tu vida cuando me haya ido? prométeme que seguirás adelante, y que no me juzgarás con dureza. Has sido testigo de mi dolor, de mi lucha diaria. Hoy han empeorado las voces, por eso me he decidido. Mañana, no sé qué será de mi y de los que me rodean. Las voces que no callan son cada vez más fuertes que yo, y todo lo que plantean -aunque racional, visto con cierto descaro- me horroriza. Ya no tengo fuerzas para seguir siendo dueño de mis actos, con gran esfuerzo te escribo estas últimas líneas siendo yo mismo.

Dana, lo que más quiero es que algo de mí perdure en vos después de la muerte. No he sido un mal marido, tal vez no el mejor, pero has de recordarme en los buenos tiempos, cuando todo estaba bien en mi, cuando todo estaba bien entre nosotros.

Cuida a los chicos, diles que fui un buen hombre que en un mal momento recibió una maldición que le cambió para siempre. Perdona mis desaciertos, y perdona mi cobardía, pero hay cosas que deben hacerse antes de que sea demasiado tarde y no haya lamento que valga.

Pídele a la policía que busque en el refrigerador del sótano. No vayas tú, no podría soportar tu dolor. Sólo te lo digo, porque es posible que el secreto que allí reposa, permanezca mucho más tiempo oculto, y no es justo con otras personas, que de seguro también sufren. No fue mi intención. Fueron las voces. Ya no puedo más. Siempre te quise, mi preciada perlita. Se fuerte por los chicos. Adios.

21 febrero 2015

FOTOGRAFÍAS

Cuando descargó las fotos de la fiesta, Ana vio que algunas eran bastante extrañas e inquietantes. Por ejemplo en la foto de “Lucky” el gato de Milagros la vecina, que debería mostrar un minino grácil y elegante sobre una silla turca, aparecía una forma peluda y retorcida sobre un fondo rojo. Igual pasó con la fotografía del primo Javier, cuyo rostro casi no se le reconocía, observándose en cambio un manchón de un tono similar al terracota; también la imagen  de la abuela Ximena estaba circundada por una neblina densa y oscura.

Pasaron casi seis meses y luego de una meditación profunda y largas disertaciones con las personas de mayor confianza, Ana llegó a la conclusión de que su cámara captura futuros sucesos vitales de carácter violento. Y es que tres días después de la fiesta, “Lucky” fue atropellado por una tractomula que pasaba por la circunvalación a gran velocidad; pasados dos meses, el amante del primo Javier –bastante trastornado- al saber que no iba a abandonar a su familia, decidió realizarle múltiples cortes en el rostro con una cuchilla Gillette; el primo sobrevivió al ataque, pero su vida cambió para siempre. Al iniciar las vacaciones de mitad de año, la querida abuela Ximena falleció en su propia cama; el atacante le puso una almohada sobre el rostro mientras dormía, para así llevarse los objetos de valor del apartamento sin despertar a los vecinos.

Ayer encontré a Ana en un evento literario, nos contó la historia y agregó que a ningún otro invitado en esa fiesta de navidad le pasó nada fuera de lo común, "Pero es que todos los demás salieron perfectamente en las fotos", asegura, -anegados sus ojos y conteniendo el aliento-. 

Luego de las actividades de rutina, los literatos nos pidieron tomar retratos de los asistentes para realizar un ejercicio. Me gustaría mucho ver las fotos que tomó Ana, quien guardó el aparato durante muchos meses y decidió utilizarlo de nuevo ese día.

15 febrero 2015

RELATA 2015 RECOMENDACIONES

Estos son los treinta cuentos recomendados por los talleristas de RELATA 2015 Cali, en la primer sesión en febrero 14 (hacer click sobre el título). Los enlaces pertenecen a sites externos a este Blog, si he hecho mal en compartir alguno de éstos, por favor escribirme un mensaje para retirarlo. Algunos cuentos no fueron encontrados por mí en la web, por lo cual no tienen el mencionado enlace.
Adicionalmente Maria Eugenia Alonso de Aparicio (Mareña), coordinadora y compañera del Taller, recomienda:
  • El Tango de la Vieja Guardia (Arturo Pérez-Reverte)
  • Firmin (Sam Savage) Link a página de reseña.

24 noviembre 2012

ANECDOTARIO INFANTIL II

Mirando viñetas hoy me encontré una que añadí al final, y recordé el post del anecdotario (que podes ver aquí), de modo que me pareció interesante rebuscar lo que ha sucedido últimamente (que no lo recuerdo todo, por cierto) pero al menos lo más memorable, si recuerdo algo más intentaré agregarlo. Ahí van las ocurrencias de mis pequeños pacientes:

Ale (en plan de broma): Tengo mucha hambre, ¡te voy a morder el brazo!
Samuel (niño con retraso en el desarrollo): Nooo no te puedes comer mi brazo, ¡eso no es comida! No ves que no tiene arroz!
(Ya sabemos lo que come Samuel todos los días jeje.)

Ale (luego de recibir una ayuda):Arigato!
Juan Daniel (niño con microcefalia- con cara de pocos amigos-): ARIGATA!!!
Ale: No Juan Daniel, eso quiere decir gracias en otro idioma: Arigato
Juan Daniel: No me digas así, Arigata! (saca la lengua)

(Actualmente Juan Daniel entiende que arigatou significa gracias, y hasta sabe responder (doitashimashite) a su modo: "mashitemashite".)

Ale: Qué le vas a pedir al niño dios? (a Colombia no viene Santa Claus o los Reyes a traer regalos en navidad, viene el niño dios en persona)
Alejandro (niño con dificultades del aprendizaje): Todavía no sé.
Ale: Ya sé! Por qué no le pides la paz mundial? 
Alejandro: No voy a desperdiciar mis deseos en eso! mejor pido un Black berry.
Ale: :´(

Me encontré con esta viñeta hoy y me hizo reír montones, es que así han de ser los niños de padres frikis! (tomada de CC)



Saludo a todos. Gracias por venir.

10 mayo 2012

La Oscura Llegada a la Torre


Esta semana finalmente llegué a la Torre. Tanto tiempo recorriendo el camino y no me decidía a continuar más allá de ciertas catástrofes, pero mi propósito era llegar antes de mi cumpleaños, y alegremente lo he cumplido con gran anticipación. No puedo decir que haya sido una gran sorpresa lo que me encontré al final, pero algunos pormenores lograron asombrarme por inesperados -Muchos de ellos de forma no grata, debo decir- y cómo mencionarlos sin echar a perder la emoción de quienes prefieren la incertidumbre? Bueno, de eso se trata el reto de este escrito. Ruego perdón si no lo logro, pero vas con previo aviso de que tal cosa podría ocurrir, intenté cubrir con letras blancas el que quizá pueda ser el único spoiler, aún así estás a tiempo de detenerte y saltar a otra piedra cercana sin que te arrastre la corriente, si a bien tienes.

No dudo que el tema se haya tocado largamente, las reacciones y las opiniones nunca faltan, pero yo siempre huí de ellas esperando poder forjarme una idea propia de la historia, aún así, nunca nada es lo suficientemente hermético como para dejar de filtrar un poco de aire o agua, y no sólo supe el final hace ya mucho tiempo, también algunas de las opiniones de amigos seguidores del Ka-tet de Roland de Gilead acerca de éste. Han de perdonarme esas personas pues nunca les hice mayor caso respecto a este tema. Si bien el final no fue del todo inesperado, mi opinión es propia -o eso creo yo-.

Estoy convencida de que el accidente que sufrió el Tito King entre el volumen IV y el V cambió su forma de ver la historia, me hace preguntarme qué sería de esos volúmenes finales de no haber estado a puertas de la muerte; serían unos libros mejores o peores? en todo caso, muy diferentes? Sí, mi respuesta es que el verse frente a la muerte y sufrir dolores impensables por largo tiempo influyeron en él, y sí, la historia pudo ser muy diferente. Lo que no me atrevo a contestarme es si sería mejor. El Ka es una rueda, y esta vez ha girado así, digo gracias.

Me atormentan varias cosas del final, sobre todo a partir de la mitad del libro VII donde sucede algo que nunca perdonaré al Tito, quienes han compartido este tema conmigo saben a qué me refiero, porque fue la razón principal de haber abandonado la lectura hace tres años (la razón no principal es que perdí mi ejemplar de LTO VII en un robo) y me negaba a continuarla tal como hice con "El Talismán" cuando algo similar sucedió, ¡Oh Discordia! Que manía más insufrible tiene este hombre! (me refiero a King y a su perversa manía de complicarme emocionalmente con su proceder) Pues bien, vino a socorrerme mi hermana -Quien llegó a la torre mucho tiempo antes que yo- y me contó algo del final para animarme a continuar (antes hizo exactamente lo mismo con El Talismán) sobre lo que me contó, simplemente no le creí, era demasiado desquiciado, absurdo e imposible. Mi hermana me aseguró que por desquiciado, absurdo e imposible, así era. Por supuesto yo tenía que comprobarlo. Logré sacarle otros detalles del final que me arrojó con desgano, bastante inexactos y superfluos -como quien no quiere la cosa- pero quedaron resonando mucho en mi cabeza junto con ese final desquiciado que no terminaba de tragarme. De tiempo en tiempo en estos tres años, he sacado pedazos del final a diferentes personas -algunos con engaños y artimañas, debo decir- logrando cosas realmente atroces y a veces contradictorias, pero que siempre logré tejer sobre el telar imaginario para hacerlas coincidir entre sí. Las últimas fueron tan devastadoras que por segunda vez estuve a punto de abandonar, pero me persuadí a mí misma de que ya la decisión estaba tomada sin importar las consecuencias.

Y qué digo del final? Que me gustó mucho, pero siento que una de las resoluciones fue incluso más desquiciada (engañosa) que la otra. Sólo diré que un niño de White Plains con una vida arreglada, con un hermano perfecto, carece de los matices de personalidad que posee alguien con una historia de vida particularmente dura y conflictiva, por no decir más...Me siento estafada, y sigue pareciéndome desquiciado, absurdo e imposible. El otro final, el del fin final... es otro asunto. No puedo decir que me sorprendiera del todo, pero hubo matices que ignoraba y que en realidad me hicieron disfrutar la resolución, abrieron puertas a otras historias y otros finales posibles e imposibles. Eso me gustó.

Por otro lado ahora me hubiera gustado saber menos del final. Tantas artimañas y preguntas, y tejidos... cambiaría eso para obtener una sorpresa completa que me hiciera gemir y maldecir con cada página -como ocurrió con algunas de las cosas que ignoraba- Pero mi manía de adelantarme a las historias me puede y por supuesto me perdió una vez más. Debo decir que si aún no llegaste a la Torre, deberías evitar saber sobre ello! será toda una sorpresa, grata o ingrata, pero sorpresa al fin y al cabo.

10 abril 2012

Abandono, eco y fantasmas

Está ésto tan solo, que hasta miedo me da volver a entrar. Eco...co...co...co.

Seré valiente. Me doy tres días para volver.

P.D. No pude cumplir mi propósito de regresar al tercer día -emulando a aquel que dicen que regresó de la muerte hace ya tantos siglos- (No porque estuvieran muertas las letras que habitan en mi cabeza, dormidas quizá, a la espera oportuna o inoportuna de brotar espontáneamente) la razón, los fastidiosos informes del trabajo y la esquiva y resbaladiza musa que no quiere tirar algo a la ligera, razón tiene, digo gracias. Cuando nomino "Abandono" a esta entrada, me refiero a un abandono genérico, como el que se le hace a una casa querida al dejar de habitarla durante mucho tiempo; con dificultad te sobrepones a la sorpresa de encontrarla llena de polvo, mugre, bichos, ecos, y hasta fantasmas, al regresar a ella... Creo que eso fue lo que quise decir. Mi "casa" está abandonada y llena de todos esos horrores, y el miedo a enfrentarme a todo eso me mosquea un poco... Pero valiente como soy, aquí estaré de nuevo con trapo y mopa, arreglando lo que se ha de arreglar, aunque el plazo se alargó quizá hasta el lunes... Ni un día más. Saludo.

P.D.2 Hoy agregué un subtítulo al blog! Un nombre muy querido que acompañó un lugar anterior y hasta ayer en la noche no sabía qué hacer con él; algunas veces lo más obvio es lo que menos se encuentra, y de repente te salta al regazo como un animalito contento de verte. Final. Feliz Fin de semana.

06 enero 2012

SUPLANTACIÓN

Imagen tomada por: La Dama Roja
No he regresado, sólo ves un eco en el lugar que debería ocupar mi cuerpo, y mi mente es tan sólo un desvarío perdido en el infinito. 

Las ilusiones se han ido conmigo a donde quiera que esté, mientras el eco resuena repitiéndose incesantemente por donde debería estar pasando mi yo real, como una presencia ambulante que perdura aferrándose a lo que yo antes era, a los lugares donde estuve, a la gente que solía conocer; va flotando entre las cosas que me eran familiares y pretende asemejarse a mí. Tal vez me veas y me escuches, me leas y me entiendas, pero no te engañes ante este espejismo porque no soy yo; es un fantasma, una sombra remanente que cada vez se me parece un poco más, y probablemente termine tomando para siempre mi lugar en el mundo sin que nadie pueda evitarlo. Sin que nadie pueda intuirlo.



19 octubre 2011

FRIKI FRIKI HALLOWEEN

Para quienes disfrutan la fecha y para quienes no... Muchos dulces y pocas caries, como sea: TRICK OR TREAT (o que no se te crezca la nariz, según cántico popular autóctono).
De haber disfraces, espero foto :) Friki Halloween.
Ahhhh... y feliz renovación para mí.

21 julio 2011

MI TRIBUTO AL TRIBUTO PATAGÓNICO A GUSTAVO CERATI

Las canciones en el texto se encuentran en un orden inverso del que aparecen en el link, dado que las primeras que aparecen han sido las últimas en subirse... Si lo consigo, iré agregando más líneas al texto en cuanto más canciones se agreguen al proyecto. Por y para Gus. Saludito y agradecimiento a Nazareno, que me permitió publicar mi tributo a su tributo. Un abrazo para todos, y "gracias por venir".

 


Hey, hey hey Te escucho soñar, me vuelvo a quedar A merced. Casi quiero que te despiertes y es porque podrías sonreir de verme flotar, pero ya no te alcanza con improvisar, el descaro baby, es parte de la diversión y por calles con luz de patio colmaré tus anhelos, precisamente todo está pasando aquí y ahora, sugiero que nos quedemos atentos por las siglas de los siglos desperdigados por fantasías, lo que querías no tiene fin. 

Tal vez lo más suicida sea decirte la verdad, preferí callar y a esta hora de la vida es mejor... Creo que te hice tan mia que por un instante te olvidé, y si te abrazo es para sentir que a nuestro amor nunca podrán sacarlo de raíz por aquello que encontré en tus ojos, por aquello que encontré en la noche. El fin de amar es sentirse más Vivo, el fin del mar es sentirse igual, Vivo un día más; cruza el amor, yo cruzaré los dedos. Y gracias por venir y entre planetas navegar atentos a un sonido que no cesa...

Alto, cada vez más alto donde todo empieza a ser real, Dónde estás? Qué pasó anoche? No recuerdo bien... Sólo un vago olor, manchas en el techo, para desvanecerse alargando el placer, trayectoria sin final; y cuando el mundo enmudece y las promesas engañan nos revolcamos en el jardín por donde nadie pasa, fuiste mia y el hastío nos llevó al desengaño y eso pasó. Y fue, siempre fue divertido correr dejar a este mundo detrás entre tus labios de plata y mi acero inolvidable...

11 abril 2011

LA/EL QUE VUELA Y EL LADO OSCURO DEL CORAZÓN

 "...¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar pierden el tiempo conmigo!" 



La que vuela, el que vuela... Probablemente muchos vamos por la vida buscando ese ser aparentemente mitológico que vuela y tiene el poder de hacernos volar. Rogamos a los hados que exista y que logremos encontrarlo -Porque bien es sabido que la existencia de un algo no implica su encuentro fortuito, excepto si crees en el destino, pero ¿para qué arriesgarse?-
Andamos y desandamos caminos enteros, hablamos con conocidos y extraños intentando descifrar la naturaleza exacta del objeto de nuestra búsqueda, el ser humano que vuela y tiene la capacidad de hacerte volar, y que -yo les aseguro- en lugar de ser inexistente, se puede encontrar incluso varias veces en la vida. La verdadera proeza, que  poquísima gente logra, es seguir volando después de cierto tiempo juntos. Es algo que se me antoja ya no difícil, sino rayando en lo imposible.

Me imagino a Oliverio, por ejemplo, encontrando un día de estos a "la que vuela", y entre impecables y contundentes versos de Benedetti, Girondo y Gelman la hace volar y vuelan juntos por... ¿cuánto? ¿una semana?, ¿un mes?, ¿un año?, ¿siete años? y ¿luego qué? la rutina, el "aliento insecticida", la "nariz de campeonato de zanahorias" irá tomando importancia y llenando sus cuerpos de más peso cada vez, hasta que no puedan vencer la gravedad por sí mismos y terminen vencidos, con los pies bien plantados sobre la tierra.

Pero es eso lo bello de la poesía y los amores recientes, están llenos de perfecta levedad que permite volar y andar entre nubes, y es precisamente esa la adicción que adolescemos quienes buscamos al humano que vuela; supongo que volar es un vicio al que no estamos dispuestos a renunciar en nombre del peso de lo cotidiano.

04 abril 2011

HOGUERA


Imagen tomada de
Tus manos que abrazan y abrasan provocando el fuego interior, todo se quema sin consumirse, sin consumarse.
Me tocas casi despreocupadamente primero con la punta de tus dedos después con la mano entera.
Si fuera de madera podrías hacer una hoguera monumental, se incendiaría Roma de nuevo, se incendiaría el mundo entero.
Ahora te miro a los ojos, esos que dicen todo y nada dicen. La profundidad de todos los océanos, la oscuridad de todas las cavernas. Tus ojos que me hablan de deseos contenidos, de guerras inevitables, de marchas interminables, ascenciones imposibles y preludios de tormenta.
Me tocas también con ellos y es combustible lo que agregas al fuego.
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